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La Generalitat detecta cada día tres casos de niños maltratados por familiares

La Generalitat detecta cada día tres casos de niños maltratados por familiares

4.000 menores viven bajo protección y la crisis dejó un pico de 1.500 víctimas hace dos años

Ellos casi nunca pueden quejarse. Su sufrimiento subyace entre cuatro paredes. Hasta que salta una alarma. Ese moretón, ese signo de zarandeo, esos ingresos reiterados, la desatención en clase, los dibujos violentos… El caso de la cuidadora sospechosa de asesinar a su hijo en 2005 e intentar matar a otro niño es sólo la torre de un gran castillo de dolor que cada año encierra a cientos de niños de la Comunitat. Es el oscuro mundo del maltrato infantil. Sus carceleros son padres violentos, familias desestructuradas, matrimonios anclados en la violencia doméstica o atenazados por las tensiones y carencias propias de la crisis económica.

Sólo unos pocos casos salen a la luz, pero la magnitud del problema es escalofriante. Las cifras de la Conselleria de Bienestar lo corroboran. El trabajo conjunto de trabajadores sociales, policías, médicos y profesores liberó el año pasado a 1.151 niños de las celdas del maltrato. Esto supone que cada día se detecta una media de tres casos de niños víctimas de palizas, falta de cuidado, malos tratos psíquicos o abuso sexual, las cuatro garras del monstruo.

Cada jornada tres niños son apartados de sus familias y entran en el sistema autonómico de protección porque al lado de sus parientes están en serio peligro. De hecho, «antes de que Bienestar Social tome esa decisión, hay una investigación muy profunda. Primero se aparta al niño con carácter de urgencia y luego se estudia su entorno de manera exhaustiva», describe Manuel García, técnico de la conselleria experto en menores.

Pese a ser cifras todavía muy preocupantes, son esperanzadoras respecto al año 2011, en el que se confirmaron casi 1.500 casos de maltrato infantil en la Comunitat, unos cuatro al día. García considera que hoy existe «mucha más sensibilidad social, lo que hace que salten a tiempo las alarmas». Pero también incide en un factor clave: «el descenso de la inmigración» en tierras valencianas.

Según García y otros expertos, ni mucho menos se puede asociar el fenómeno del maltrato infantil con los extranjeros. Pero sí constatan que con el ‘boom’ de llegada de inmigrantes hubo problemas con los menores: padres ausentes, niños pequeños a cargo de hermanos o primos sin la edad adecuada o pisos patera en las que familias convivían con desconocidos.

Otros especialistas vinculan con la crisis económica ese pico de casos de maltrato infantil alcanzado en 2011. Mara Merino es psicóloga especialista en infancia y familia. Actualmente trabaja en la Valencian International University, pero buena parte de la última década la ha pasado ejerciendo como trabajadora social, estudiando a las familias con problemas, intentando rescatar a los niños.

«Es indudable que la crisis lo ha tambaleado todo. Si afecta a los adultos, afecta a sus hijos. Más tensión y violencia en las casas, el paro, el alcoholismo e incluso los problemas de alimentación acaban repercutiendo muy directamente en los niños», describe Merino. Otro factor es el reagrupamiento familiar al quedarse familias en la ruina.

Bofetadas para los hijos

Susana Gisbert, fiscal coordinadora de violencia contra la mujer en Valencia, también aprecia «una relación muy directa» entre crisis, violencia en los hogares y maltrato infantil. «Está afectando terriblemente», alerta. «Siempre ha dañado a un niño vivir permanentemente una situación de violencia en su casa. Pero ahora, en la medida en que se exacerban los conflictos por los problemas económicos, todavía más».

¿Las repercusiones? «Todo tipo de problemas para los niños. Desde bajo rendimiento escolar a problemas de salud. Incluso los hay que se interponen entre sus padres enfrentados y acaban recibiendo el golpe que iba destinado a la madre».

Gisbert ha constatado casos muy graves en los últimos años. A su memoria vuelve ese «bebé con graves lesiones al caer al suelo por el fuerte golpe que recibió la madre mientras lo sujetaba en brazos». «Le han quedado secuelas de por vida», lamenta. La fiscal cita otro ejemplo reciente de maltrato psicológico al menor. Se trata de un niño que «reproduce la conducta de su padre y ha acabado maltratando a su madre. La llama inútil y le dice que no sirve para nada».

Actualmente hay 3.858 niños apartados de sus familias, bajo la protección de Bienestar Social, para preservarlos del maltrato infantil. Casi la mitad han sufrido la negligencia de sus progenitores. En un 40% de los casos, las víctimas sufrieron maltrato físico directo. Ignacio Manrique, director del Instituto Valenciano de Pediatría, describe cómo son las lesiones que los médicos se están encontrando: «En los casos más severos aparecen quemaduras de cigarrillos, fracturas o traumatismos craneales. También son frecuentes los hematomas en los glúteos, en las partes traseras de las piernas o las marcas de dedos de adultos por zarandeos».

En cuanto a las caídas, «los pediatras contamos hoy con parámetros muy claros para saber si la lesión que presenta el niño concuerda con lo que dicen los padres que le ha pasado. Rara vez un niño acaba con una hemorragia cerebral interna por una caída de una cama de altura media», cita como ejemplo.

La asfixia, práctica mortal de la cuidadora que mató a su hijo, «es más complicada de vincular a un maltrato». No obstante, «a partir de seis meses una muerte repentina por problemas respiratorios ya puede resultar sospechosa. Mi consejo a todos los médicos es que en cualquier muerte de un niño que no tenga antecedentes por enfermedad se solicite la autopsia. Siempre es mejor asegurarse».

¿Muerte súbita o violenta?

Y quien mejor conoce las necropsias en Valencia es Matías Vicente, director del Instituto de Medicina Legal (IML). «En los niños existen muertes violentas que, debido a la ausencia de signos evidentes, pueden quedar enmascaradas como muertes naturales». Pero también se da lo contrario: «muertes a priori consideradas como violentas se diagnostican como naturales tras un minucioso estudio postmortem».

El hijo de la cuidadora asesina podría pertenecer a ese primer grupo. Su muerte en 2005 tras varios ingresos hospitalarios por problemas respiratorios no se vinculó con un crimen. Es la confesión de la madre lo que ha llevado a la policía a imputarle el homicidio.

Según el responsable del IML, «existen mecanismos de muerte en los que debe realizarse siempre el diagnóstico diferencial entre muerte violenta accidental u homicida». Vicente se refiere a las asfixias, la sumersión, traumatismos craneoencefálicos o intoxicaciones

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